


Artigos 15 de fevereiro de 2008
Conocí a DeRose por Anahí Flores
Conocí a DeRose por Anahí Flores
Una mañana de otoño unos once años atrás, como ya era habitual fui a practicar Yôga con Edgardo Caramella. Cuando llegué a la escuela, situada en el barrio porteño del Abasto, mi profesor tenía una noticia inesperada: ese día vendría de visita DeRose. ¿Ahora? No, a la noche. Faltaban exactamente doce horas. Para mí fue una sorpresa, y creo que para Edgardo también ya que estaba avisándonos tan sobre la hora. Nos dijo qué él se iba a concentrar en preparar una comida y otras cosas para recibirlo y me propuso, por qué no, aprovechar el día para crear, entrenar y presentar una coreografía para nuestro invitado. Dado que yo nunca había presentado (ni creado, ni entrenado) una coreografía de SwáSthya Yôga hasta aquel momento, la propuesta era todo un desafío. Por suerte un alumno más antiguo -en realidad un instructor recién formado- llegó más o menos en ese punto de la charla y se dispuso a ayudarme. Aceptada la ayuda, Luciano y yo corrimos a la sala de prácticas, desordenamos la pila de CDs de Edgardo para poder ver todas las tapas y empezamos a buscar música adecuada para mi primera coreografía. No sé cuánto demoramos, pero aún era de mañana cuando ya teníamos un tema de percusión que ambos conocíamos de alguna película de aquella época. El primer paso estaba dado.
Durante la tarde fui juntando ásanas (técnicas corporales del Yôga Antiguo) para combinarlos dentro de mis posibilidades creativas. Las coreografías también llevan mudrás (gestos hechos con las manos), pero si no me engaño no coloqué ni uno ya que aún no estaba familiarizada con esa técnica. Fue una coreografía bien simple y no sabría decir hoy en día si quedó linda o no. En poco tiempo la olvidé y no creo que aquella noche nadie la haya filmado… pero ese día la entrené tanto como el tiempo y la perseverancia me lo permitieron, y fue lo suficiente como para impregnarla en mis células. De vez en cuando Edgardo abría la puerta de la sala y observaba cómo iba todo. Luego se iba sin decir mucho… y yo me preguntaba qué estaría pensando.
Hacia la nochecita, cuando ya tenía la coreografía razonablemente lista, algunos pensamientos comenzaron a pasar por mi cabeza. Alguien que para mi profesor era muy importante estaba por llegar. Alguien de quien yo no sabía mucho, a pesar de que hacía unos meses que diariamente escuchaba a Edgardo mencionándolo. Sin darme cuenta había vivido un día de pújá (retribución de energía). Había pasado las últimas doce horas preparando una ofrenda para el Maestro, algo hecho con mi materia y con mi energía. En cada movimiento de mi cuerpo existía la firme intención de conocerlo.
No recuerdo cómo fue cuando DeRose llegó a nuestra escuela. Tampoco recuerdo si pasó algo más antes de las coreografías, tan concentrada estaba en lo que tenía que hacer. Recuerdo a DeRose sólo a partir del momento en que inicié mi presentación. Su mirada intensa me llamó la atención desde que realicé el primer ásana de la secuencia, mostrándome de forma clara y física el inicio de una relación humana diferente.
Luego de mi presentación, Laurita Ferro -en esa época alumna más antigua, actualmente directora de la Compañía SwáSthya de Artes Escénicas- realizó su propia demostración (mucho más ensayada y trabajada que mi coreografía en un día). Y lo que ocurrió después es lo que más recuerdo. Tal vez para mí lo más importante de todo ese día. Cuando ambas coreografías concluyeron, DeRose fue hasta Edgardo y a él le agradeció con un abrazo que duró minutos. Luego vino hacia donde estábamos Laurita y yo, sólo observando, y nos regaló a cada una la medalla de bronce con el símbolo ÔM.
Aquel instante me enseñó el funcionamiento natural de la jerarquía y la importancia de la actitud del discípulo con el Maestro, y viceversa.
La mirada de DeRose quedó grabada en mi memoria como una medalla. Y la medalla que me dio quedó en mi cuello durante varios años. Hasta que una ola, una tarde de verano en la isla brasileña de Florianópolis, se la llevó… pero eso se solucionó con una medalla nueva.
La mirada de DeRose, desde aquel encuentro en Buenos Aires, continúa inmutable en mí, sin olas ni tormentas que puedan llevársela.
Anahí Flores trabaja con el Método DeRose desde 1996, a través de cursos, clases, presentaciones coreográficas y libros. Sus obras publicadas son Relax, Yôga Art Book, Inspire, y al exhalar ¡escriba! y Coreografías del SwáSthya Yôga.
Acesse www.anahiflores.org